EL COMPLEJO DE EDIPO
En casos normales, el niño de 3 años ya está “civilizado”, ya tiene un carácter, hábitos, ocupaciones favoritas, una forma de pensar y numerosas posibilidades afectivas. Su libido ya está bien empleada.
Ya no es un “perverso instintivo”, esto es, un ello ávido de saciedades hedónicas desordenadas e inmediatas; posee un yo. Su sentido moral personal no existe todavía, sin embargo, la necesidad que tiene de la asociación con otros lo conduce a comportarse ya intuitivamente según las reglas morales de quienes lo rodean. Los momentos en que se entregará a la masturbación serán, en parte, aquellos en los q “se aburra”, cuando no tenga nada más o tan atractivo que hacer (en su cama, cuando no duerma y deba quedarse quieto).
En un niño normal, de buena salud, la masturbación no será pública ni frecuente, y que, aunque así sea, el adulto deberá despreocuparse de ella completamente.
Las prohibiciones habituales hechas a la masturbación, las llamamos “castradoras” porque tienden a la superación de la actividad genital.
Toda intervención del adulto tendiente no sólo a suprimir la masturbación sino a inmiscuirse inútilmente en la imaginación del niño y sus proyectos fabulosos (que disfrazan fantasías sexuales), para salvarlos por el filtro de la razón deberá tomar el nombre de intervención castradora.
Pero no hay necesidad de la intervención del adulto para que el niño sufra una angustia de castración respecto a la cual debe aprender a defenderse y no, todavía, a capitular. Esta defensa, hará que inevitablemente, entre en juego la rivalidad edípica, la cual, a su vez, desencadenará un complejo de castración.
En el más feliz de los casos, el niño superará el complejo de Edipo antes de la fase de latencia, en la cual podrá entrar en plena salud física y moral, lo que le permitirá las mejores adquisiciones culturales, las cuales a su vez facilitarán el florecimiento normal, sentimental y fisiológico, de su pubertad, de su adolescencia y de su madurez.
La angustia de castración: el malestar que el niño experimenta al constatar la ausencia de pene en la niña lo esfuerza a escotomizar por de pronto el testimonio de sus sentidos, está convencido que la niña tiene uno un poco más pequeño y que le crecerá.
Pero por mucho que quiera tranquilizarse con esas esperanzas consoladoras, el niño no puede experimentar otra cosa que el miedo de que esto le suceda también, ya que eso “es posible”. La manera de pensar en esa etapa trabajo bajo el signo de la magia, el niño busca, de acuerdo con su lógica, o su nivel mental si se quiere, explicarse esta ley de la naturaleza, deduce, “que se le ha caído”, o “se lo han cortado”, o “se perdió”.
Cuando el niño se da cuenta de que la ausencia del pene sólo se encuentra en las niñas, el primer resultante es el devaluarlas.
Pero no por ello admite que en las mujeres y sobre todo su madre puedan carecer de pene. Niña y niño continúan imaginándola infinitamente superior a ellos y por tanto, portadora de un gran pene. En efecto, tener un falo es “ser más fuerte que las niñas”.
Una vez aceptado el hecho, el niño se pregunta “por qué”. Se dice “es porque alguien las ha castigado”. “¿Quién las ha castigado?”, a esto el se responderá con historias conocidas o inventadas o con fantasías a base de algún hecho relatado por un adulto. ¿Por qué se castiga a los niños castrándoles la cosita, el pajarito? Porque no han sido buenos o porque han desobedecido. Y la severidad de los adultos para con un niño alborotador o agresivo en sus juegos o en sus actividades, como normalmente lo son a esa edad, aumenta inútilmente la angustia porque las personas mayores son para él esos seres maravillosos y justos que siempre tienen la razón, y de los que depende que el niño sea macho o hembra. Es el adulto quien fabrica a un niño.
Vemos, pues, que la angustia de castración tiene como punto de partida una falsa interpretación de la realidad; pero es una interpretación de la cual ningún niño puede escapar, ya que el peligro que inventa está motivado por la fuerza mágica que les atribuye a los adultos y por su inferioridad real respecto de ellos.
Pero este descubrimiento de la diferencia de sexos tendrá para el niño el papel útil de estimular su desarrollo.
Lo importante en este conflicto, es que sucede en el yo conciente. El niño está conciente de su malestar, lo niega a sabiendas. Lo interpreta como venido del exterior y su razón lo obliga a encontrar una causa.
La angustia de castración se debe distinguir tajantemente de lo que llamaremos “complejo” de castración. El complejo de castración será un fenómeno inconciente y ligado al Edipo, la angustia de castración fenómeno conciente y preedipico.
El fenómeno de castración será para la criatura una fuente de sufrimiento, sin otra salida habitual que el abandono momentáneo de sus intereses sexuales, durante el período de latencia.
Lucha contra la angustia de castración
Su consecuencia: el nacimiento del complejo de Edipo que desencadena a su vez el complejo de castración.
La angustia de castración obedece a tres factores:
1. El descubrimiento de la diferencia de sexos: es el único que es inmodificable; los otros dos pueden ser reducidos.
2. El poder mágico atribuido a los adultos: puede ser sometido al filtro de la razón y disociado. El adulto declarado malo será el progenitor castrador; en cuanto al adulto bueno, se buscará por todos los medios provocar su protección y ayuda.
3. Una inferioridad general y verdadera ante el adulto: el niño tratará de remediarla sea negándola concientemente de una manera categórica, sea superándola mediante adquisiciones culturales apreciables. Confiere más medios de seducción para conquistar la ayuda y protección del objeto edípico.
El niño
Lucha contra la angustia de castración. Escollos. El haber sido favorecido por la naturaleza hace al niño apreciar aún más su pene. El falo, anteriormente catectizado de libido narcisista, a causa de las satisfacciones sexuales que la masturbación otorgaba, pasa por una nueva catectización libidinal del orden de la confianza de sí.
Pero como la sexualidad es aún cualitativamente sádica, captativo – agresiva, las manifestaciones de triunfo del niño serán exageraciones de los componentes sádicos.
Sin embargo, el objeto de amor efectivo sigue siendo la madre, ahora tanto más amada por el niño, cuanto que él le atribuye a un favor especial de su parte el hecho de ser varón. Desea conseguir su efecto tierno y su admiración.
Su inferioridad infantil real, le es menos difícil de soportar cuando la madre lo aprecia, y entonces puede incluso – gracias a una identificación con su padre- sentirse partícipe de su poder mágico. Es un caballo, un tigre, o un león en sus fantasías lúdicas.
Pero el apego por su madre irá en aumento. Ella estimula en él el orgullo de hacerse de amigos tanto entre los pequeños como entre los grandes y de comportarse con ellos según las convenciones sociales de su medio.
El pequeño varón encuentra así en el mundo exterior objetos atractivos, amistosos, juegos e intereses a los que se apega intelectual y afectivamente con entusiasmo. Por esto también sus fracasos o sus insatisfacciones afectivas lo afectan profundamente en intensidad.
De su relación con ella depende el tono de sus emociones a través de las que tomará contacto con los nuevos objetos de amor.
Poco a poco abandonará sus fantasías y sus juegos solitarios supliéndolos por juegos compartidos, e historias que les gusta escuchar y contar. Le gustan todas las actividades donde interviene el gusto por el riesgo y la audacia y experimenta placer en mostrarse valiente y astuto.
Busca entonces la compañía de otros niños, de su edad o mayores, y no le gusta admitir a los pequeños ni a las niñas.
Sus hazañas, del tipo lúdico simbólico, o del tipo cultural, social, escolar, son para él descargas eufóricas de sus pulsiones sexuales. El objetivo hedónico primitivo es él mismo sublimado en objetivo sentimental (gustar y causar placer). Es la edad caballeresca.
Este comportamiento varonil y caballeresco del niño va a traer consecuencias afectivas importantes. El niño va a sobreestimar al padre y a celarlo, porque, si éste es normal, es su rival frente a la madre, a quien sostiene y protege. El niño va así a intentar superar al padre tratando de ser útil a la madre por todos los medios y de “aprender” todo lo necesario para llegar a ser como papá.
Así se formará el esbozo de su superyó, de su “conciencia”, que le indicará lo más conveniente que debe hacer, lo que debe evitar, no siguiendo el principio de placer directo, sino según el sentido moral que debe tener para ser tomado en consideración por su madre.
Pero mientras más avanza el niño en la finalidad declarada, de complacer a mamá, de parecerse a papá, más claras se vuelven sus fantasías edípicas.
Estas fantasías edípicas se enfrentan constantemente a una realidad contraria, que es la inferioridad de edad, inexorable. La madre es “de papá”. “Tú tendrás también una mujer cuando seas grande” – dice papá. “pero es a mamá a quién quiero”. El niño no puede admitir todavía la dolorosa realidad. De ahí las fantasías bélicas, agresivas, brutales, respecto del papá.
Pero, generalmente, el padre no se altera y mantiene una total indiferencia frente a la actitud y los propósitos agresivos del niño.
Pues bien, aún en este caso, la culpabilidad del niño se vuelve creciente, independientemente de toda intervención exterior: se debe sólo al funcionamiento del inconciente.
Ya que por el sólo hecho de que el padre esté presente, adulto que tiene derechos sobre mamá, y la quiera, no hay un solo niño normal que no experimente, bajo la apariencia de un desinterés afectado, un temor y unos celos reales. Se dice a sí mismo entonces que su padre está celoso (ya que proyecta sobre él sus propios sentimientos) y se queja ante la mamá de la severidad de papá.
En su fuero interno, lo que el niño admira es, precisamente, la firmeza y la superioridad de su rival modelo. Si la madre lo ataca y el padre cede, es como si ella no permitiera a su hijo convertirse en “su hombrecito”.
Si el padre es viril y sano, severo pero justo, el complejo de Edipo no tendrá dificultad en desarrollarse normalmente porque la imagen del padre es capaz soportar la agresividad inconcientemente violentadle niño, sin crearle a éste la necesidad de buscar el autocastigo por sentimientos de culpa.
Si, por el contrario, el padre es un ser débil físicamente, demasiado dulce o demasiado severo, al niño le es mucho más difícil llegar a ser muy viril. Aún los éxitos en sus actividades derivadas, legítimas, son vividos por él como éxitos culpables y su superyó reacciona como si en verdad lo fuesen.
En nombre de necesidades interiores el sujeto se ve forzado a abandonar la lucha con su padre, o a sublimar en otros objetos la libido primitivamente empleada en la fijación afectiva hacia la madre. El incesto es libidinalmente castrador.
Si la agresividad hacia el padre llegara a triunfar sobre el plano conciente y en la realidad, nunca podría el niño identificarse con él; ahora bien, el niño tiene necesidad de catectizar a su padre, el poseedor masculino real de su madre. Quiere no sólo remplazar al padre, sino también imitarlo. Esta doble actitud rival y pasiva no acontece prácticamente sino en una familia “normal”, es decir, sin neurosis, donde el niño está autorizado a comportarse como niño. Y esto porque la competencia edípica del niño y el padre no es real por el hecho mismo de que la madre ha escogido ya al padre.
El niño renuncia tanto más fácilmente a la rivalidad con su padre, ya que se dará cuenta de lo inútil de su actitud; la falta de esta seguridad es fuente de angustia. Haga lo que haga, su madre lo ama en segundo lugar, sino más, y le permite apegarse a otros objetos femeninos.
La competencia del hijo con el padre puede entonces orientarse libremente hacia la conquista de objetos de desplazamiento. El niño sublima su libido genital, en las mismas actividades intelectuales, artísticas, deportivas, o la misma carrera que el padre a imitación de su comportamiento. Ha renunciado a las satisfacciones eróticas seductoras, búsqueda de besos, caricias maternas, juegos melosos y tiernos con ella, ya que su inferioridad real frente a la imagen paternal despertaría nuevamente en su inconciente la angustia de castración. Pero puede desplazar su libido erótica, sus intensiones seductoras respecto de las amigas de su padre o de las niñas a las que sobreestima porque admiran a su padre. Estas amistades amorosas deben ser platónicas, pues de otro modo la angustia de castración reaparece. La competencia con el padre no puede más que despertar angustia de castración.
Si la competencia edípica entre el niño y el padre fuese real, no sublimada, sería necesario ante todo que el padre estuviera lleno de una fuerte agresividad consciente. Ahora bien, esto no es posible en familias “normales.
Admitamos que la agresividad consciente es posible y que triunfa hasta llegar a alejar al padre de la madre. El sujeto no puede aprovechar su victoria pues ya no tiene modo de identificarse con el padre. El mecanismo de la identificación con el padre rival exige, en efecto, que el macho poseedor de la verdadera madre sea un rival afortunado. Hay niños que permanecen amorosamente fijados a la madre; su comportamiento se caracteriza por el hecho de que no buscan “seducir” activamente a ninguna mujer. Si el padre vive, los dos hombres viven continuamente disputando, pues el hecho de no haber podido despegarse de la madre para ir tras otros objetos amorosos o sexuales prueba que el niño sublimó su homosexualidad edípica.
La resolución del complejo de Edipo. Escollos: El superyó adquiere muy pronto en el niño un gran rigor, y ello se debe a la necesidad vital para la virilidad, de reprimir pulsiones heterosexuales tendientes al erotismo fálico en la “esfera” materna.
Pero aún no se puede decir que el Edipo esté liquidado, si el niño, habiendo renunciando a la fijación erótica con su madre, conserva la necesidad de buscar satisfacciones afectivas del tipo homosexual pasivo (seducción del padre); la menor de sus actividades agresivas o simbólicas, asociadas como están a “cosas prohibidas”, va siempre acompañada de angustia de castración. El superyó habla “como hablaría el padre”, a quien el niño está sometido afectivamente. Las satisfacciones eróticas provocan angustia y la pubertad se vuelve dramática. El renunciamiento a las pulsiones agresivas respecto de la madre debe, pues, ir acompañado del renunciamiento a las pulsiones pasivas seductoras respecto del padre. La aceptación de la superioridad paternal en la familia por parte del niño rubricará este renunciamiento. Éste será seguido del desinterés afectivo por “las cosas de las personas mayores”. Dejará a sus padres en su vida de adultos sin amargura, en espera de un futuro respecto del cual se hacen miles de proyectos realizables que se van preparando mediante actividades dirigidas, escolares, sociales, lúdicas.
El desinterés por los asuntos sexuales ocurre naturalmente, sin contratiempos. En esta fase de reposo erótico, que es la etapa de latencia las pláticas sobre asuntos sexuales no tienen ningún interés para él. Esto se debe al retiro psicológico de la libido que caracteriza el período de latencia desde la edad de 7 u 8 años hasta la pubertad.
Si este retiro libidinal psicológico llega antes de que el niño haya conseguido el desprendimiento afectivo respecto de su padre, todas las adquisiciones del período latente tendrán por objeto complacer al padre y no llegar a ser igual a él conquistando a su propia estima y la de los demás.
A los 6 años, durante su complejo de Edipo, el niño es realmente inferior a su padre en fuerza y en medios de conquista; debe, pues, admitirlo y abandonar, no diferir, la lucha por el objeto de amor maternal, es decir, sublimar su complejo de Edipo. Los niños que no solucionan su complejo de Edipo no llegan a juzgar a su padre tal como es, con defectos y cualidades, amándolo, sin despertar la angustia del superyó castrador.
El niño, al momento de entrar en el período de latencia, no puede tener una actitud totalmente objetiva, pero puede haber abandonado todo sentimiento de inferioridad infundado y toda agresividad para con sus padres.
Esta completa liquidación del complejo edípico, que libera la sexualidad del niño hasta en el inconcientemente, se acompaña de un desprendimiento, es ir más lejos dentro del desarrollo, con las mismas energías libidinales que han servido para caracterizar los objetos que se han abandonado; es pues, resignarse, aceptar la muerte interior de un pasado cumplido a cambio de un presente tan rico como aquél, si no es que más, en satisfacciones libidinales y de un futuro lleno de promesas.
Desde el punto de vista clínico, esta liquidación del complejo de Edipo se traduce en un comportamiento social, familiar, escolar y lúdico, característico de una buena adaptación en un estado “nervioso” normal, sin inestabilidad, sin angustia, sin pesadillas ni terrores nocturnos, y en una liberación completa de toda curiosidad, preocupación y actividad sexuales solitarias. La vida afectiva del niño se realiza, sobre todo, fuera de la familia. No existen conflictos marcados ni con el padre ni con la madre.
El comportamiento social marcado por amigos, profesores, sobre los que son desplazadas las pulsiones ambivalentes, agresivas y pasivas, precedentemente orientadas hacia el padre y niñas, hermanas de amigos, frente a quienes les encantará comportarse como un pequeño campeón que se hace admirar.
El peso de la castración en el niño: la verdadera madre “castradora” es la que se opone de alguna manera a la afirmación corporal exterior de lo que caracteriza a un niño y, al mismo tiempo, a las manifestaciones afectivas y lúdicas que caracterizan el comportamiento del niño.
Si la madre condena o desprecia las actividades características masculinas, para “que no se vaya a lastimar”, si constantemente le pone como ejemplo a niños menores o más pasivos: “fíjate que bien se porta”, si suspira al verlo crecer: “ya no eres mi pequeño”, coadyuntará a que el niño desempeñe torpemente la menor de sus actividades, derivadas de la sexualidad fálica. Es como decirle implícitamente, aunque nunca se haya formulado una prohibición a la masturbación: “Te amaría si no tuvieras una virilidad visible”.
Para complacer a la madre, el niño intenta someter su libido a esta manipulación, y el resultado es una sobreactivación de su angustia de castración.
En una palabra, todo aquello que estorbe al niño en sus mecanismos naturales de defensa controla angustia de castración conlleva reacciones afectivas nocivas, antisociales, manifiestas o no, caracterizadas por el rechazo al esfuerzo y a la sumisión a las reglas comunes. En la esfera erótica se observan desplazamientos regresivos de la libido de las zonas erógenas de etapas acabadas. Habrá enuresis, apetito caprichoso, glotonería en el mejor de los casos o, si esta regresión erótica inconciente provoca la severidad del adulto, habrá trastornos gastrointestinales, tics, que obliguen al adulto a compadecerse del niño y a cuidarlo.
Son reacciones masoquistas para las cuales desgraciadamente se consulta al médico y no al psicoterapeuta.
La prohibición sistemática, por la burla o por los “razonamientos”, de los ensueños infantiles de omnipotencia pueden tener el mismo papel castrador que las amenazas de mutilaciones sexuales. Si el niño tiene necesidad de imaginarse poderoso para compensar su inferioridad, no es suprimiéndole como lo ayudará, sino permitiéndole alcanzar en la realidad pequeños triunfos.
En el plano de todas las actividades intelectuales y sociales, el complejo de castración entrará en juego; el interés del niño deriva de la curiosidad sexual y de la ambición de igualar al padre, curiosidad y ambición culpables en tanto que el complejo de Edipo no esté solucionado.
En el campo escolar, se verán inhibiciones respecto al trabajo; el niño será incapaz de fijar la atención (es la inestabilidad escolar).
La inferioridad real del niño se acentúa porque no es ya simplemente la de todos los niños frente a los mayores. Es menos fuerte, menos malo que los niños de su edad y reacciona envidiándolos o huyéndoles, o haciendo ambas cosas. Exterioriza este sentimiento con la única actitud agresiva que le sigue siendo permitida, aquella en que el riesgo es menor: se vuelve charlatán y mitómano. El niño tiene miedo de los demás, no puede rivalizar con ellos. Si llega a renunciar completamente a la libido de su sexo, huye de los niños de su edad, busca a los niños más pequeños que él y con ellos se comporta como dictador.
Sexualidad comparada del niño y de la niña durante las etapas libidinales que preceden a la etapa fálica. Se puede hacer una descripción simultánea del desarrollo de la sexualidad en la niña paralelamente al del niño hasta el estado fálico porque la búsqueda del placer en las relaciones libidinales con la madre y las relaciones libidinales con el mundo exterior inanimado son, al principio, iguales.
Se puede decir que, en el estadio oral y en el anal, el yo es “neutro”, no siendo capaz aún de objetividad, el niño proyecta sobre el mundo exterior sus propias emociones, sus propias pulsiones y su propia manera de pensar y de ser. El adulto es concebido como genitalmente indiferenciado, porque el niño no conoce aún las características morfológicas de los sexos.
La niña sin embargo, desde su período activo, se hace notar por una menor cantidad de pulsiones agresivas en relación a las pulsiones pasivas.
En el estado fálico, caracterizado por la ambición, el niño se lanza a la persecución de lo que atrae, mientras que la niña espera ardientemente lo que desea y tanto uno como la otra ponen en esta actividad toda la libido agresiva de que disponen.
La niña
Lucha contra la angustia la angustia de castración, escollos, en la etapa fálica. Esta descubre que hay criaturas poseedoras de un “cosa”, que ella no tiene (3 años y medio). Empieza por negarlo, luego siente celos convencida de que le crecerá. Pero se siente desfavorecida.
La envidia del pene, se convierte en el tema de sus fantasías masturbatorias fálicas, y “espera”, ardientemente que le crezca.
Atraviesa por un periodo de exhibicionismo, se levanta las faldas y quiere mostrarse desnuda para que todos la admiren, como si el hecho de ser admirada le permitiera identificarse con los que la miran.
Pero el complejo de castración en la niña no puede ser paralelo e inverso al del varón, por que aquí es una mujer la que representa el papel de rival del adulto, pues la castración fálica ya no es una amenaza para la mujer sino un hecho. De esta deficiencia nace una seguridad: que la niña puede, para su sexualidad, identificarse con “la que no lo tiene”.
Si bien el complejo de castración pone en peligro la sexualidad del varón, expande al contrario la de la niña.
En el varón, la angustia de castración es una cosa “afortunada”, que precede al Edipo y lo introduce.
En la niña, la angustia es peligrosa antes del Edipo; pues de impedir al Edipo instalarse normalmente.
Cuando la niña percibe su castración fálica, caracteriza a su madre de una recrudescencia de libido pasiva, a fin de captar su ternura. Utiliza una mayor parte de libido agresiva sublimada en la conquista de los conocimientos de las personas mayores. Esta puede ser la razón por la cual las niñas hablan mejor y tienen, antes que los niños, un vocabulario más rico. La niña reacciona a la frustración fálica con mecanismos análogos a los que empleo ya en la fase anal para captar la ternura de los adultos. La niña descubre que debe renunciar a él para siempre; las mujeres no tendrán jamás pene, su madre tampoco lo ha tenido nunca.
El abandono de la masturbación clitorídea va acompañado de un desplazamiento hacia el rostro y el cuerpo entero de interés interiormente dedicado al clítoris. Entonces aparece muy marcado en la niña el gusto por el adorno, los peinados, los listones, las joyas, de los que se vale para compensar, inconcientemente, el pene concientemente abandonado (para gustarse a sí misma).
Este deseo de gustar que le satisface su amor propio la reconcilia, con el sexo masculino. Deja de ver a los chicos como malos, recupera la confianza en sí misma y puede ahora decirse que los niños y los papás la harán beneficiaria de su fuerza. Trata ahora de conquistarlos, y este es el indicio de la situación edípica (todavía no conflictiva). Es debido a la envidia del pene por lo que la niña se dirige a los hombres y para captar la admiración de ellos, a quienes ella estima superiores y atractivos para su madre. La madre ha perdido prestigio desde que la sabe castrada como ella. Ya no es terrorífica sino más grande, es “una dama”.
Es muy importante que la niña se resigne a dar por perdidas sus fantasías masturbatorias clitorídeas, y que admita, el no haber sido un varón. De no ser así podrá reprimir, mediante las prohibiciones del superyó, propenso a sufrir sentimientos de culpa y sentimientos agudos de inferioridad (la solución feliz es la catexis vaginal).
La niña continúa tratando cada vez más de identificarse con su madre, puesto que ya nada que sea irremediable o “infamante” la desfavorece físicamente en relación con ella, fuera de su edad. La identificación por ambición, que no está matizada de fantasías fálicas, sino de fantasías de ambición femeninas, se convierte en fuente de alegría y ya no de culpabilidad.
Las pulsiones agresivas de la niña puestas al servicio de la afectividad, ayudarán a su deseo de complacer y seducir a los adultos que pueden protegerla y sobre todo a los hombres y muchachos mayores. El medio para seducir es alagar al padre. Ella lucha así contra su madre y contra los niños, “papá es mucho más fuertes que ellos, y papá me prefiere; eso quiere decir que soy mejor”. Se vuelve orgullosa de su sexo.
Las fantasías lúdicas femeninas vaginales influyen en el juego de las muñecas, les atribuye reacciones que ella tiene inconcientemente, proyectando así sus sentimientos de culpabilidad en otra (a quien regaña y castiga) así se libera de las pulsiones agresivas que su yo no puede tolerar.
Así comienza a construir su superyó que “habla” como la madre, pero cuya severidad es sólo el reflejo de la agresividad interior de la criatura.
Al mismo tiempo, la niña se vuelve cada día más coqueta con su padre declarando, que será su marido y que tendrá niños. Desgraciadamente, la realidad sigue presente. La madre es la esposa del papá y la niña es manifiestamente inferior a ella. El complejo de Edipo es menos dramático en la niña que en el niño, pues si bien la hostilidad para con la madre es grande. Tiene muchas fantasías en las que “mata” a su madre, donde la aplasta, hay conflictos familiares donde se muestra impertinente con su madre y trata de hacerla parecer culpable para suplantarla en el afecto del padre.
Frecuentemente llega a renunciar a la rivalidad edípica antes del período de latencia, sin que se pueda decir que por eso mismo ha solucionado su complejo de Edipo, porque puede muy bien ser que esté en buenos términos con su madre pero sobrevalore a su padre.
Primera fase: cuando el padre no es neurótico y es tierno con su hija, eso basta para la felicidad de ella, facilita sus relaciones sociales con los niños de su misma edad. Es en este momento solamente cuando se anuncian conflictos edípicos más marcados, en el caso de que el padre estimule a su hija a procurarse amistad entre los muchachos y no esté celoso de ellos, la niña pasará de su padre a sus sustituto amoroso, el hombre joven. Ella liquidará entonces su complejo de Edipo sin jamás sufrir por ello una gran angustia.
Segunda fase: al descubrir el misterio del nacimiento, la niña se inquieta por el sufrimiento que éste puede traer y tiene miedo: es la angustia de castración vaginal o víscero – vaginal.
Si la madre no es neurótica y permite a su hija emanciparse normalmente, las cosas suceden bien. Si la madre, por el contrario, destruye la confianza que la niña necesita tener en sí misma impidiéndole, por ejemplo, vestirse a su gusto, las ocupaciones culturales; si le hace aparecer la vida materna como una serie de sufrimientos, el amor como una trampa, la vida conyugal sin alegrías, los sentimientos de culpabilidad inconcientes respecto de su madre empujan a la niña a presentar un complejo de castración vaginal patológico. Esto se traducirá en fantasías terroríficas (una bestia la va a devorar, su vientre va a ser perforado o va a reventar), puede entonces operarse una regresión libidinal, pero la niña puede todavía luchar contra esta castración vaginal, mediante el renunciamiento a su narcisismo femenino.
El período de latencia acarrea, pues, un retiro libidinal que tranquiliza las preocupaciones sexuales eróticas y el superyó autoriza el libre juego de la agresividad y de la pasividad sin angustia y sin vergüenza.
Cuando, en la pubertad, se convierta en una mujer, la rivalidad con su madre se contrarrestará con una conquista de su libertad de gusto, de vestidos, de sublimaciones culturales. Con bastante frecuencia éstas se centrarán alrededor de los hijos, y ya no temerá la concepción como consecuencia del amor, sino al contrario. El modo como el hombre le sepa dar confianza en sí misma, poseerla sin brutalidad, acabará de catectizar la zona vaginal por el conocimiento del orgasmo, que la ligará sensualmente a aquel que se lo haya hecho conocer y le haya dado un hijo. Entonces será capaz interiormente de desligarse inconcientemente de su madre.
El peso de la castración en la niña precede al complejo de Edipo e incluso le impiden instalarse normalmente.
Esta identificación con la madre es indispensable para el advenimiento de la erogeneidad vaginal, que permitirá el inicio de la situación edípica. Esto elevará las barreras de la frigidez vaginal de la mujer.
Primer escollo: complejo de virilidad (insensibilidad vaginal). En los casos en que la zona erógena vaginal no haya sido jamás investida de libido, se observa un comportamiento captativo que puede dirigirse hacia la madre sola, esto siempre con un cierto grado de masoquismo inconciente, hacia los dos padres o hacia el padre solo, pero sin intento de rivalidad con la madre por medio de armas femeninas.
Si el clítoris se ha quedado investido de libido, su inferioridad morfológica real es una fuente constante de sufrimiento inconciente, de vergüenza conciente para la niña de ser lo que es, de ser fea. Es una regresión libidinal o un estancamiento libidinal en ese estadio, durante la fase de latencia, lo que da a esas mujeres el gusto por las carreras masculinas; al aparecer la pubertad, la libido debe regresar al estadio anterior o satisfacerse mediante prácticas masturbatorias solitarias o, mejor, lesbianas.
Si el superyó no autoriza la masturbación, se verá que en la pubertad esas chicas se vuelven cada vez más “vergonzosas”, de una timidez enfermiza, fóbicas, falta de confianza en sí misma (una inferioridad sentida), luego sigue en la adolescencia y en la edad adulta una incapacidad de competir con las otras mujeres. Al no haber tenido el derecho de ponerse en juego el mecanismo de defensa narcisista (ya que la masturbación fálica debió ser abandonada demasiado temprana en la infancia), su superyó les prohíbe utilizar las posibilidades de seducción femenina.
En pocas palabras, el complejo de castración fálica se pone en juego sobre los planes anal y oral mediante la recactetización de las zonas erógenas antiguas.
Los sentimientos de frustración más cercanos a la frustración fálica tienen de hecho su origen, cronológica y afectivamente, en la educación de la limpieza anal, y es probablemente la razón por la cual la negativa de aceptar su sexo.
El complejo de virilidad es entonces extremadamente fuerte, la hija presenta una afectividad infantil ambivalente, que le prohíbe las más mínimas tentativas de identificación con la madre y de seducción femenina respecto al padre (ya que, para el inconciente, ello representa la aceptación de su sexo).
Así, vemos que si la niña no liquida la angustia de castración fálica, si se ve “forzada” a aceptar, o más bien a soportar su sexo, como una broma de mal gusto, ello dejará en su afectividad una herida siempre abierta, que reavivará la más mínima inferioridad real en la vida. La angustia de castración fálica, acompañada de sentimientos de culpabilidad, se desencadenará inevitablemente en todas las ocasiones en que se muestre “natural”, porque eso dará lugar a una resonancia de sentimientos de culpabilidad relacionados con ambiciones femeninas que no comparte.
Si, por el contrario, liquida la angustia de castración fálica, gracias a la recactetización narcisista femenina y al descubrimiento de la masturbación vaginal, podrá continuar identificándose con su madre, y la ambición afectiva característica de esa edad servirá a fantasías vaginales, en acuerdo con el desarrollo normal de la sexualidad femenina.
Segundo escollo: La frigidez por un infantilismo afectivo. Una vez aceptada su femineidad se presenta un segundo escollo a la niña: que ese retiro narcisista no impida la catectización de la zona erógena vaginal, ya sea que la masturbación haya ocasionando severas reprimendas por parte de los adultos, ya sea que el padre esté ausente de la familia o se desinterese de sus hijos.
La niña, por entonces no encontrará la manera de captar la atención de los hombres. Estando en ese momento normalmente “cerrada” a la madre, puede quedarse siempre en una actitud narcisista, afectiva y culturalmente infantil. Pero quizá la causa sea una insuficiencia de construcción del yo, impidiéndole ala niña el desplazamiento de los afectos libidinales excrementicios y musculares hacia actividades culturales que la hubieran identificado con la madre.
14:10 | Etiquetas: PSICOLOGÍA SOCIAL | 0 Comments
Aportes del psicoanálisis a la psicología evolutiva
Los principales aportes que hace la teoría psicoanalítica a la psicología evolutiva son los conceptos de Inconsciente y Sexualidad.
Inconsciente
Es una noción tópica y dinámica deducida de la experiencia de la cura. Esta ha mostrado que el psiquismo no era reducible a lo consciente y que ciertos contenidos solo se vuelven accesibles a la consciencia una vez que se han superado las resistencias. La cura ha revelado que la vida psíquica está saturada de pensamientos eficientes aunque inconscientes Y que estos emanan los síntomas. Ha conducido a admitir la existencia del inconsciente como un lugar psíquico particular que es preciso representarse, no como una segunda conciencia sino como un sistema que tiene contenidos, mecanismos y posiblemente una energía especifica.
• EI inconsciente como una noción tópica
Tópico significa "teoría de los lugares". Supone una diferenciación del aparato psíquico en los lugares a los que es posible dar una representación espacial figurada.
Se habla de dos tópicas freudianas:
Primera tópica
• Inconsciente
• Preconciente
• Consiente
Segunda tópica
• Ello
• Yo
• Superyó
• EI inconsciente como definición
Distingue varias acepciones del concepto de inconsciente:
1. Descriptivo: un adjetivo que designa los contenidos que no están presentes en el campo de la conciencia. Es equivalente a 10 latente.
2. Dinámico: aquellas ideas que permanecen apartadas de la conciencia a pesar de su
Intensidad y actividad. Aquí distingue ideas preconcientes e inconscientes. Se vale de la interpretación de los sueños, enlaza lo inconsciente a lo reprimido. EI inconsciente ejerce una acción permanente que obliga a que una fuerza contraria, asimismo permanente, Ie impida el acceso a la conciencia.
3. Sistema: no es una cualidad, sino un sistema de actividad psíquica caracterizado por el hecho de ser inconscientes todos y cada uno de los procesos que lo constituye. Las características de este son las leyes de su funcionamiento: condensación y desplazamiento.
Sexualidad
Las características fundamentales de la sexualidad humana son:
1. No obedece exclusivamente al fin de la reproducción, sino que atiende principal mente al orden de la procuración del placer.
2. No comienza en la pubertad sino prácticamente desde el nacimiento, abarcando toda la vida humana, salvo algunos periodos de aparente remisión.
3. No tiene un objeto predeterminado (persona a la que se dirige la exigencia sexual).
4. las pulsiones (tendencia que tienen su origen en un estado de tensión o excitación corporal) son parciales (cada cual busca por su lado la satisfacción) e indomesticables, lo que implica que no hay una evolución segura hacia una sexualidad adulta heterosexual normal. Lo que distingue a las pulsiones unas de otras es su relación con sus fuentes somáticas y sus metas. Fuente de la pulsión: proceso excitador en el interior de un órgano. Meta inmediata: consiste en cancelar ese estimulo del órgano. Libido: es la fuerza con la que se exterioriza la pulsión. Zonas erógenas: partes del cuerpo en la que es alcanzado el plus de placer sexual.
5. Es autoerótica: es decir que se satisfacen en el propio cuerpo.
6. La sexualidad abarca no solo la satisfacción de la sexualidad como el coito o la masturbación, sino también la sublimación que es otra modalidad de su expresión, bajo formas "socializadas", culturalizadas.
Evolución de la sexualidad en etapas o periodos
En la conformación de la vida sexual del niño hay una suerte de organización laxa Hamada pregenital. Luego adviene un periodo de latencia (amnesia). La energía de las mociones sexuales infantiles es desviada del uso sexual y aplicada a otros fines. Y el periodo genital (con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios) donde se da el primado de los genitales y el fin es la reproducción.
1. Periodo pregenital
• Fase oral
Las primeras mociones de la sexualidad aparecen en el lactante apuntaladas en funciones sexuales importantes para la Vida : Si principal interés está dirigido a la recepción del alimento. Pero también observamos que el lactante quiere repetir la acción de recepción del alimento sin pedir que se Ie vuelva a dar este, por lo tanto, no está bajo la impulsión del hambre. Decimos que chupetea y esta nueva acción nos muestra, que en sí y por si, ella Ie ha dado satisfacción. Pronto adoptara el hábito de no adormecerse sin haber chupeteado. EI chupeteo sirve a una ganancia de placer. Primero vivencia ese placer a raíz de la reopción del alimento, pero pronto aprende a separarlo de esa condición.
En esta fase, la ganancia de placer está dada por la excitación de la zona de la boca y de los labios, a la que nos podemos referir como zona erógena.
EI mamar del pecho materno pasa a ser el punto de partida de toda la vida sexual, el modelo inalcanzado de toda satisfacción sexual posterior. EI pecho materno constituye así, el primer objeto de la pulsión sexual.
• Fase anal
EI lactante tiene sensaciones placenteras cuando vacía su vejiga y sus intestinos, y después organiza estas acciones de tal manera que lo procuren la máxima ganancia de placer posible mediante las correspondientes excitaciones de las zonas erógenas de la mucosa.
En este punto el mundo exterior se Ie enfrenta por primera vez como un poder inhibidor hostil a sus aspiraciones de placer. No debe expeler sus excrementos cuando Ie de gana, sino cuando otras personas lo determinen. Para moverlo a renunciar a estas fuentes de placer, se Ie declara que todo lo que atañe, a esas funciones es indecente y está destinado a mantenerse en secreto. En este momento, por primera vez, debe intercambiar placer por dignidad social. No siente asco ninguno frente a su caca, la aprecia como una parte de su cuerpo de la que no resulta fácil separarse y la usa como un primer regalo para distinguir a personas a quienes aprecia particularmente.
• Fase fálica
La investigación sexual infantil empieza muy temprano, a menudo antes del tercer año de la vida. No arranca de la diferencia de sexos, que nada significan para el niño, pues al menos el varón atribuye a ambos idénticos genitales: los masculinos. Si después el varón descubre la vagina en su hermanita o compañera de juegos, primero intentara desmentirlo, pues no puedo concebir un ser semejante a él que carezca de esa parte que tanto aprecia. Cree que solo personas despreciables del sexo femenino, probablemente culpables de las mismas mociones prohibidas en el que el mismo incurrió, habían perdido sus genitales. Siente temor de perderlo el también y sobre el ejercen su efecto las amenazas que pudo haber recibido antes por preocuparse con demasiada intensidad de su pequeño miembro. Cae así, bajo el imperio del complejo de castración.
De la niña sabemos que a causa de la falta de un gran pene visible se considera gravemente perjudicada, envidia al varón tal pertenencia y por ese motivo esencialmente desarrolla el deseo de ser hombre.
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Introducción al Narcisismo
El término narcisismo proviene de la descripción clínica y fue escogido por P. Nacke en 1899 para designar aquella conducta por la cual un individuo da a su cuerpo propio un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual. En este sentido el Narcisismo cobra el significado de una perversión.
Pero la observación psicoanalítica puso en evidencia que rasgos aislados de dicha conducta aparecen en personas aquejadas por otras perturbaciones. Así surgió la conjetura de que una colocación de libido definible como narcisismo podía reclamar su sitio dentro del desarrollo sexual regular del hombre. Desde esta perspectiva el narcisismo no sería una perversión, sino el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación.
Un motivo que llevo a considerar un narcisismo primario y normal surgió cuando se intentó incluir entre los objetivos psicoanalíticos a enfermos que Freud designó “parafrénicos” (muestran dos rasgos fundamentales de carácter: el delirio de grandeza y el extrañamiento de su interés respecto del mundo exterior. En modo alguno han cancelado el vínculo erótico con personas y cosas. Aún lo conservan en la fantasía. Han sustituido los objetos reales por objetos imaginarios de su recuerdo o los han mezclado con estos, por un lado, y por el otro, han renunciado a emprender las acciones motrices que les permitirían conseguir sus fines con esos objetos.
La libido sustraída del mundo exterior fue conducida al “yo” y así surgió la conducta que el psicoanálisis denomina “Narcisismo”. Así se puede observar un narcisismo que nace por replegamiento de las investiduras de objeto como un narcisismo secundario que se edifica sobre la base de otro, primario, oscurecido por múltiples influencias.
Lo mismo que en este caso particular de enfermos ocurre en los pueblos primitivos y en los niños actuales. Existe una imagen de una originaria investidura libidinal del yo, cedida después a los objetos, sin embargo un monto de ella siempre persiste. Las emanaciones de esta libido, las investiduras de objeto, que pueden ser emitidas y retiradas de nuevo, fueron las únicas que en un principio escaparon a la vista de la observación psicoanalítica.
Se puede concluir, respecto de la diferenciación de las energías psíquicas, que al comienzo están juntas en el estado del narcisismo y son indiscernibles. Solo con la investidura de objeto se vuelve posible diferenciar de una energía sexual, la libido, de una energía de las pulsiones yoicas.
Es necesario aclarar la diferencia entre pulsiones autoeróticas y narcisismo. Las primeras son iniciales, primordiales, por tanto, algo tiene que agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya (el yo tiene que ser desarrollado).
Freud apunta a que dada la total inexistencia de una doctrina de las pulsiones, fue obligatoria adoptar provisionalmente este supuesto y someterlo a prueba hasta que fracase o se corrobore. Es necesario tener en cuenta que esta hipótesis descansa mínimamente en bases psicológicas, y en lo esencial tiene apoyo biológico.
Todas estas aclaraciones que hace Freud en un principio, son para justificar la equivocación de Jung, la cual afirmaba que la teoría de la libido ha fracasado en arrancar los secretos de la dementia praecox o esquizofrenia (aquello que Freud denominó parafrenia) y por eso quedó liquidada también respecto de las otras neurosis.
2-
Para seguir con el estudio del Narcisismo Freud apunta a que es necesario tener en cuenta la simplicidad aparente de lo normal desde las desfiguraciones y exageraciones de lo patológico. No obstante, para aproximarnos al conocimiento del Narcisismo, describió la consideración de la enfermedad orgánica, de la hipocondría y de la vida amorosa de los sexos.
La persona afligida por un dolor orgánico y por sensaciones penosas resigna su interés por todas las cosas del mundo exterior que no se relacionen con su sufrimiento. Una observación más precisa nos enseña que, mientras sufre, también retira de sus objetos de amor el interés libidinal, cesa de amar. Desde el psicoanálisis se traduciría: el enfermo retira sobre su yo sus investiduras libidinales para volver a enviarlas después de curarse. Libido e interés yoico tienen aquí el mismo destino y se vuelven otra vez indiscernibles
La hipocondría se exterioriza, al igual que la enfermedad orgánica, en sensaciones corporales penosas, dolorosas, y coincide también con ella por su efecto sobre la distribución de la libido. EL hipocondríaco retira interés y libido de los objetos del mundo exterior y los concentra sobre el órgano que le atarea. Ahora bien, hay una diferencia importante entre hipocondría y enfermedad orgánica: en el segundo caso las sensaciones penosas tienen fundamento en alteraciones comprobables, en el primero no. Pero como sabemos, desde la concepción psicoanalítica la hipocondría ha de tener razón, tampoco en ella ha de faltar las alteraciones de órgano, ya que se considera a la erogenidad como una propiedad general de todos los órganos (y no solo de los genitales), y ello nos autorizaría a hablar de su aumento o disminución en una determinada parte del cuerpo. A cada una de estas alteraciones de la erogenidad en el interior de los órganos podría serle paralela una alteración de la investidura libidinal dentro del yo. En tales factores es necesario buscar aquello que está en la base de la hipocondría y puede ejercer, sobre la distribución de la libido, idéntico efecto que la contracción de una enfermedad material de los órganos.
Surge así la pregunta de ¿Por qué se vuelve compelida la vida anímica a traspasar los límites del narcisismo y poner la libido sobre objetos? La respuesta es que esa necesidad sobreviene cuando la investidura del yo con libido ha sobrepasado cierta medida. Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar. Es el aparato anímico el encargado de dominar excitaciones que en caso contrario provocarían sensaciones penosas o efectos patógenos. La elaboración psíquica presta un extraordinario servicio al desvío interno de excitaciones no susceptibles de descarga directa al exterior, o bien cuya descarga directa sería indeseable por el momento. Ahora bien, al principio es indiferente que ese procesamiento interno acontezca en objetos reales o en objetos imaginados. La diferencia se muestra después, cuando la vuelta de la libido sobre objetos irreales ha conducido a una estasis libidinal. En las parafrenias, el delirio de grandeza permite esta clase de procesamiento de la libido devuelta al yo; quizás solo después de frustrado ese delirio de grandeza, la estasis libidinal en el interior del yo se vuelve patógena y provoca al proceso de curación que se nos aparece como enfermedad.
Una tercera vía de acceso al estudio del narcisismo es la vida amorosa del ser humano dentro de su variada diferenciación en el hombre y en la mujer. Las primeras satisfacciones sexuales autoeróticas son vivenciadas a remolque de funciones vitales que sirven a la autoconservación. Las pulsiones sexuales se apuntalan al principio en la satisfacción de las pulsiones yoicas, y solo más tarde se independizan de ellas. Esto sucede cuando la madre o sustituto devienen objetos sexuales del niño, y más tarde su elección de objeto de amor será según el modelo de la madre o sustituto. Pero el psicoanálisis descubrió que ciertas personas eligen su posterior objeto de amor según el modelo de la persona propia (elección de objeto narcisista, por ejemplo, los homosexuales y los perversos). Decimos entonces que el niño tiene dos objetos sexuales originarios: él mismo y la mujer que lo crió, presupone el psicoanálisis que en todo ser humano el narcisismo primario puede expresarse de manera dominante en su elección de objeto.
La elección entre hombre y mujer presenta, en relación a su elección de objeto, diferencias fundamentales: El pleno amor de objeto según el tipo de apuntalamiento es característico del hombre. En cambio la mujer no se sacia amando, sino siendo amadas, y aman al hombre que colma esa necesidad. Tales mujeres presentan el máximo atractivo: se evidencia que el narcisismo de una persona despliega gran atracción sobre aquellas otras que han desistido de la dimensión plena de su narcisismo propio. Pero aún para este tipo de mujeres hay un camino que lleva al pleno amor de objeto, el hijo. Aunque también hay otras que no necesitan de un hijo para dar el paso desde el narcisismo hasta el amor de objeto.
Según Freud se ama: 1-Según el tipo narcisista:
*A lo que uno mismo es
*A lo que uno mismo fue
*A lo que uno querría ser
*A la persona que fue una parte de si-mismo propio
Según el tipo de apuntalamiento:
*A la mujer nutricia, y
*Al hombre protector
El Amor parental, tan infantil en el fondo, no es otra cosa que el narcisismo redivivo de los padres, que en su trasmudación al amor de objeto revela inequívoca su prístina naturaleza. O sea se refiere al renacimiento y reproducción del narcisismo propio. La sobreestimación gobierna este vínculo afectivo.
3-
La observación del adulto normal muestra amortiguado el delirio de grandeza que una vez tuvo, y borrados los caracteres psíquicos desde los cuales se ha discernido su narcisismo infantil. Las cuestiones se refieren a que sucedió con la libido yoica y si esta se encuentra en su totalidad en la investidura de objeto. La psicología de la represión muestra alguna referencia para elaborar una respuesta diversa.
Las mociones pulsionales libidinosas sucumben el destino de la represión patógena cuando entran en conflicto con las representaciones culturales y éticas. Esta represión parte del yo, del respeto del yo por sí mismo. Las mismas vivencias que un hombre tolera conscientemente, son desaprobadas por otro con indignación total o ahogados antes que devengan conscientes. Podemos decir que en el primero de los casos se ha formado un ideal el cual mide su yo actual, mientras que en el otro falta la formación de ese ideal. La formación del ideal solo se puede dar en condición de la represión.
Sobre ese yo ideal recae ahora el amor de sí mismo de que en la infancia gozó el yo real. Lo que el proyecta como su ideal es el sustituto del narcisismo perdido de su infancia en la que él fue su propio ideal.
Es necesario indagar las relaciones de este ideal del yo con la sublimación. Esta última es un proceso que concierne a la libido de objeto, consiste en que la pulsión se lanza a otra meta, distante de la satisfacción sexual. La idealización es un proceso que envuelve al objeto, sin variar su naturaleza, este es engrandecido y realzado psíquicamente.
La formación de un ideal del yo se confunde con la sublimación de la pulsión. Que alguien haya mudado su narcisismo por la veneración de un ideal del yo no implica que haya alcanzado la sublimación de sus pulsiones libidinosas. El ideal del yo reclama esa sublimación, pero no puede forzarla. Su ejecución es independiente de tal incitación. La formación del ideal aumenta las exigencias del yo y es el más fuerte favorecedor de la represión. La sublimación constituye la vía de escape que permite cumplir esa exigencia sin dar lugar a la represión.
Se denomina conciencia moral a la instancia psíquica que asegura la satisfacción narcisista proveniente del ideal del yo.
La incitación para formar el ideal del yo, cuya tutela se confía a la conciencia moral, partió de la influencia crítica de los padres, a la que con el curso del tiempo se sumaron los educadores, los maestros y todas las personas del medio.
El sentimiento de sí depende, entonces, de la libido narcisista. En las parafrenias aquel aumenta, mientras que en las neurosis de transferencias aquel se rebaja; y en la vida amorosa, el no ser-amado deprime el sentimiento de sí, mientras que el se amado lo realza. La investidura libidinal de objetos no eleva el sentimiento de sí, ya que el que ama ha sacrificado un fragmento de su narcisismo y solo puede restituírselo a trueque de ser-amado.
Conclusión:
El desarrollo del yo consiste en un distanciamiento respecto del narcisismo primario y engendra una intensa aspiración a recobrarlo. Este distanciamiento acontece por medio de la libido a un ideal del yo impuesto desde afuera: la satisfacción se obtiene mediante el cumplimiento de ese ideal. El yo se empobrece en favor de estas investiduras y se vuelve a enriquecer por las satisfacciones de objeto y por el cumplimiento del ideal.
Una parte del sentimiento de sí es primaria, el residuo del narcisismo infantil; otra parte se refiere al cumplimiento del ideal del yo, y una tercera a la satisfacción de la libido de objeto.
El ideal sexual puede entrar en una interesante relación con el ideal del yo. Donde la satisfacción narcisista tropieza con impedimentos reales, el ideal sexual puede ser usado como satisfacción sustitutiva. Entonces se ama, siguiendo el tipo de elección narcisista de objeto, lo que uno fue y ha perdido, o lo que posee los méritos que uno no tiene. Se ama a lo que posee el mérito que falta al yo para alcanzar ese ideal.
El neurótico que por sus excesivas investiduras de objeto se ha empobrecido en su yo, no esta en condiciones de cumplir su ideal del yo. Busca entonces, desde su derroche de libido en los objetos, el camino de regreso al narcisismo, escogiendo de acuerdo con el tipo narcisista un ideal sexual que posee los méritos inalcanzables para él.
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La psicología social como critica de la vida cotidiana
El pensamiento de Pichón Reviere plantea que el punto de toda ciencia social, y toda, reflexión psicológica en consecuencia no puede ser otra que los hombres concretos.
EI primer objeto de la realidad a explorar son los sujetos de los procesos psíquicos, los sujetos del comportamiento, los hombres inmersos en lo que es su vida cotidiana, lo que constituye sus condiciones concretas de existencia.
Los sujetos somos seres de necesidades en un intercambio continuo con el medio, la característica del Ser vivo es estar incluido en una unidad indisoluble con el contexto o medio.
• ¿Que es el trabajo?
Es una acción previamente planificada y social. Es un operar sobre la naturaleza en donde se producen los objetos destinados a satisfacer las necesidades vitales. Es el hecho más esencial, más inmediato y más significativo de lo humano. Los hombres producen y reproducen su vida en una doble relación con la naturaleza y con los otros hombres., y la producen a partir de una acción planificada y consciente a la que se denomina trabajo.
La producción social de la vida, en esa doble relación con los otros hombres y con la naturaleza, no solo determina la vida en su posibilidad sino que la determina en sus formas. Las formas concretas que reviste nuestra vida están directamente relacionadas con las modalidades o con las formas en que la existencia material se produce y re produce. ¿Que determina las formas de nuestra vida? EI que producimos, el cómo producimos con qué medios, y que instrumentos utilizamos.
La producción varia de un lugar a otro ya sea un indio mapuche, un técnico de empresa, un diseñador de maquinas electrónicas, un obrero textil, entre otros. Todos estos sujetos, productores, forman parte de un mismo pueblo, son todos argentinos de una misma formación histórica social, sin embargo su interpretación de la realidad, sus emociones, sus pautas de conducta, su posición ante la vida y la muerte, ante la salud y la enfermedad toda es diferente. Y estas diferencias ¿de donde surgen? De sus distintas condiciones vitales, de sus distintas cotidianidades ya que producen su vida y la reproducen con modalidades distintas, por que se insertan de formas diferentes en el proceso productivo. (La producción es la condición de la vida y en consecuencia es la condición última de emergencia, de posibilidad de los procesos psíquicos)
EI hombre, comienza un desarrollo evolutivo que es cualitativamente diferente de todas las otras especies, comienza a interiorizar sus acciones, es decir, empiezan a quedar inscriptas en sus experiencias, transformándose en representación, en pensamiento, en lenguaje.
EI pensamiento es acción interiorizada, hacemos referencia a que no hay actividad psíquica desvinculada de la experiencia concreta del sujeto, es decir, de su practica, de sus relaciones reales.
Entonces, si son sus condiciones concretas de existencia las que determinan a los sujetos, quizá pueda entenderse por que la ps social se define como critica de la vida cotidiana. Que es la crítica de la vida cotidiana? Es el análisis objetivo, científico de esas condiciones concretas, o sea como cada formación social se organiza, sus experiencias de vida, sus necesidades, etc., Podemos decir que la crítica de la vida cotidiana es el análisis del destino de las necesidades de los hombres en una estructura social determinada.
¿Que es la cotidianidad? ¿Que es la vida cotidiana?
La vida cotidiana se la podría definir como el espacio y el tiempo en que remanifiestan en forma inmediata y directa las relaciones que los hombres establecen entre si y con la naturaleza en función de sus necesidades, configurándose así lo que hemos denominado concretas de existencia.
La cotidianidad es la manifestación inmediata, en un tiempo con un ritmo en un espacio, de las complejas relaciones sociales que regulan la vida de los hombres en una época histórica determinada por Ej. Trabajar prender un TV, etc. son acontecimientos de la vida cotidiana que nos permiten una experiencia directa de la complejidad da las relaciones sociales en las que estamos inmersos.
En donde a cada a época histórica y a cada a organizaci6n social Ie corresponde un tipo de vida, ya que cada época histórica y en cada organización social se dan distintos tipos de relaciones con la naturaleza y los otros hombres.
Podríamos caracterizar también a la vida social como un modo de organización material y social de la experiencia humana en un contexto histórico-social determinado. ¿Qué subyace a la vida cotidiana? Subyacen las relaciones que los hombres guardan con sus necesidades en cada organización social, subyace el modo del reconocimiento de las necesidades, como se definen las necesidades, como se codifican, las posibilidades y las modalidades de satisfacerlas y las metas que son socialmente disponibles. La vida y la historia de cada uno de nosotros, es el horizonte de nuestra experiencia, el ámbito y el escenario de la determinación social de nuestras necesidades.
*¿Como experimentamos nosotros la vida, cotidiana?
La vida cotidiana se manifiesta como un conjunto heterogéneo y multitudinario de hechos, actos, objetos, relaciones, actividades, que se nos presentan en forma "dramática", es decir, como acción como un mundo en movimiento. La constituyen a la cotidianidad la familia que constituimos, la revista que leemos, la televisión el cine, el teatro, la casa que habitamos, etc. Se organiza alrededor de la experiencia de la acción del aquí de mi cuerpo y del ahora de mi presente, un mundo subjetivo, social, compartido, que yo experimento y que vivo con otros.
¿De dónde surge la valoración de lo cotidiano como lo autoevidente e incuestionable?
De un sistema social de representación o ideología que interpreta lo cotidiano y desde esa forma de interpretarlo como "lo natural" lo encubre y lo vela, lo distorsiona en tanto lo muestra como “la realidad”
*¿Cómo se da la distorsión? ¿Cómo se da el encubrimiento?
A través de un mecanismo que es típico de la ideología dominante desde la naturalización. La vida cotidiana constituye desde esa ideología, desde, el mito, un orden natural, preestablecido e inmodificable que no debe ser cuestionado, que no debe ser interrogado.
Podríamos decir que en la cotidianidad las relaciones· sociales se manifiestan y se, ocultan. Se manifiestan en los hechos y se ocultan en la representación social de los hechos, Fragmentariamente la realidad de las relaciones sociales se manifiestan en hechos concretos; pero la representación social de esos hechos como "Ia realidad" oculta la verdadera esencia de esa vida cotidiana.
* ¿Que es la crítica de la vida cotidiana?
Crítica en sentido estricto es un análisis objetivo. Es analizar un hecho examinado; es plantearse un interpelar a los hechos, un problematizar a los hechos aun a lo obvio. .
* ¿Cómo se realiza la critica a la vida cotidiana?
En primer lugar, experimentándola, viviéndola, ya que la práctica se constituye como primer momento de todo proceso de conocimiento. En segundo término estableciendo una ruptura con la familiaridad acrítica, con el mito de lo natural, con el sistema de representaciones que la muestra como lo autoevidente, lo real por excelencia.
Desde la psicología social la crítica de la vida cotidiana implicara el estudio de las leyes objetivas que rigen, en cada formación social concreta la emergencia y descodificación de las necesidades de los hombres. La organización y las modalidades de respuesta social y vincular a esas necesidades en cada estructura interaccional.
*¿Aéreas de análisis de la vida cotidiana?
II Trabajo, familia y, tiempo libre
Desde una comprensión a cerca de la vida cotidiana en tanto análisis de las relaciones de los hombres con sus necesidades es la "política", ¿por qué? Por que por su ámbito de acción, por desplegarse en la esfera del poder político, es la que puede introducir, planificar, y llevar adelante transformaciones profundas en la organización de la vida de los hombres. EI análisis de la cotidianidad nos permite evaluar, tomando como referente un criterio de salud, que vínculos, que estructuras grupales, que organizaciones institucionales y comunitarias promueven la adaptación activa de sus integrantes, desde las formas que en esas estructuras se determina, se organiza la experiencia de los, hombres. De que maneras en esas estructuras, de pareja, de familias, de grupo, de institución educativa, laboral recreativa se favorecen u obstaculizan en lo sujetos que las Integran, el reconocimiento de sus necesidades y la búsqueda de satisfacción.
AI analizar la cotidianidad, distinguimos en ella 3 regiones o aéreas de emergencia, encodificación y desarrollo de las necesidades humanas. Estas aéreas, son la de trabajo social, la de la vida familiar y la del tiempo libre. Es en el inter juego entre estas distintas esferas que se determina el individuo concreto.
Según Lefebvre, el hombre de hoy intenta unas críticas, una ruptura con su cotidianidad, desde la misma cotidianidad, desde el tiempo Libre, entendido o buscado como distensión de la carga liberal cotidiana.
Para otros esa ruptura pasa por otra región de lo cotidiano: la vida privada, familiar. La familia adquiere así el carácter de valor refugio, baluarte defensivo o de tregua ante la hostilidad y exigencia del mundo laboral. Muchos identifican la esfera del tiempo Libre con la de la vida familiar (estas 3 regiones son emergentes históricos-sociales).
• ¿Que es el trabajo y que necesidades se ligan al trabajo?
Lo definimos como una acción planificada que compromete la capacidad psicofísica del sujeto: mediante esa acción el hombre transforma la realidad externa, cumpliendo en ella sus objetivos. EI trabajo es una forma de la relación sujeto-mundo, relación por la que opera en su contexto y lo modifica según sus necesidades. Su acción sobra el mundo está mediada por instrumentos, herramientas que son su obra, que la dan mayor dominio sobre ese contexto. Por el trabajo se satisfacen en forma directa e indirecta, lo que hace a la conservación de la vida. Este, vincula al sujete con el mundo, en tanto el trabajo es apropiación de lo real, es aprendizaje. Es creativo, es decir planificado, transformante y es posible reconocerlo en el producto. Significa el cumplimiento de nuestros fines en el mundo externo (relación sujeto-actividad productiva). Ese sujeto dotado de ese rasgo esencial de lo humano, la capacidad de "cumplir sus fines en la naturaleza a través de un conjunto planificado de operaciones consientes a la que se denomina trabajo, y, que implica un aprendizaje. Aparece así en lo cotidiano la necesidad especifica que hacen a la distensión del descanso, o sea al tiempo Libre. Emerge la necesidad de un encuentro de libertad, de juego y surgen buscando la resolución a la problemática. Es un tiempo libre vivenciado como propio.
EI tiempo Libre, por ser el ámbito de lo cotidiano en el que se deposita mayores expectativas de gratificación, en cuanto a la Libertad, familia, sexo a la creatividad de los afectos, al encuentro, es el que está sometido más fácilmente a la desilución, a la frustración. Por ejemplo, pensemos en el retorno de las vacaciones en el domingo a la noche y su tristeza, por lo que se acaba sin duda; pero también por lo esperado que no se dio.
14:01 | Etiquetas: PSICOLOGÍA SOCIAL | 0 Comments
Karl Marx EI materialismo histórico
Consiste en la tesis según la cual "no es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino que es su ser el que determina su conciencia". Esto lleva a especificar cual e la relación que existe entre estructura económica y supraestructura ideológica. La producción de las idas, las representaciones, la conciencia, se haya vinculada en primer lugar a la actividad mental y a las relaciones materiales entre los hombres. Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero se trata de los hombres reales, operantes, tal como han sido condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas. A lo largo de la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su propia voluntad, mantienen relaciones de producción. EI conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política. EI mundo de producción de la vida material condiciona, generalmente, el proceso social, político y espiritual de la vida.
En consecuencia, el hombre puede distinguirse de los animales, por la religión, por la conciencia o lo que se quiera, pero comenzaron a distinguirse de los animales cuando empezaron a producir sus propios medios de subsistencia. Lo que son los individuos depende de las condiciones materiales de producción. Por lo tanto, la esencia del hombre reside en su actividad productiva.
Todo esto significa que la historia autentica y fundamental es la de los individuos reales, la de sus acciones para transformar la naturaleza y la de sus condiciones materiales de vida. La conciencia y las ideas son una consecuencia de esta historia y están entrelazadas con ellas la moral, la religión, la metafísica y todas las de mas formas ideológicas no son autónomas en si mismas, no tienen historia: cuando cambia la base económica, cambian junto con esta.
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Karl Marx La alienación el trabajo
Marx no encuentra un hombre que se haga o se realice transformando o humanizando, junto con otros hombres, la naturaleza en ese sentido de necesidades, sino que ve hombres alienados, es decir, expropiados de sus valores de hombres, debido a la apropiación de o alienación del trabajo.
Si contemplamos la historia y la sociedad, vemos que el trabajo ya no se hace por la necesidad de apropiarse, junto con los demás hombres, de la naturaleza exterior. EI hombre trabaja por su pura subsistencia. La propiedad privada, basada en la división del trabajo, convierte al trabajo en obligatorio. EI obrero se ve alienado de la materia prima, se Ie arranca el producto de su trabajo y mediante la división del trabajo se Ie mutila su creatividad y su humanidad. En esto consiste la alienación del trabajo. Según Marx, esta situación en que el hombre se transforma en bestia se supera mediante la lucha de clases, que eliminara la propiedad privada y el trabajo alienado.
En la alienación del trabajo, este es externo al obrero, no pertenece a su ser y por lo tanto no se fortalece en su trabajo, se niega, no se siente satisfecho sino infeliz. Por eso el obrero solo se haya a si mismo fuera del trabajo, y adentro del trabajo se encuentra fuera de sí. Por lo tanto, su trabajo no es voluntario, sino forzado, obligado, en consecuencia no se trata de la satisfacción de una necesidad, sino únicamente de un medio para satisfacer necesidades ajenas.
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Del psicoanálisis a la psicología social
Cuando hablamos de los fundamentos en los que se apoya una teoría de la vida psíquica señalamos como punto de partida al Psicoanálisis y al materialismo histórico y dialectico y sus modos de articulación.
Intentamos una fundamentación de la psicología social, es el de la dialéctica materialista, lo que indica la propuesta de un método: el método dialectico.
La elección de este método implica respecto al psicoanálisis, un cambio de problemática, la apertura de una nueva problemática es decir de nuevas premisas del problema de los procesos psíquicos.
Psicoanálisis y Psicología social representarían aparatos conceptuales separados por divergencias fundamentales aun cuando uno aporta sus elementos al otro.
EI punto de ruptura entre psicoanálisis y psicología social pasa por la teoría instintivita y la concepción del hombre y la historia implícitos en ella.
Para el psicoanálisis la vida psíquica se sustenta o es la resultante de la operación de fuerzas instintivas innatas a las que caracteriza como "fuerzas endosomaticas que tienen un representante psíquico, carga energética, factor de motricidad que hace tender al organismo hacia un fin". EI instinto, aparece como una fuerza constante tiene su fuente en una excitación corporal, su fin es suprimir el estado de tensión de la fuente pulsional, y un objeto por el que el instinto alcanza su finalidad (descarga).
Lo oculto por la problemática definida a partir del reconocimiento del instinto como fundamento de la vida psíquica, es la función del contexto histórico-social como determinante de dicho proceso. Entendemos al contexto histórico-social como determinante de la vida psíquica en la medida en que es la condición especifica dentro de la cual puede manifestarse como fenómeno. Desde las premisas que definen el campo de la problemática de la ps social es el mundo humano, la construcción histórico-social y cada formación social concreta lo que opera como conjunto de condiciones de producción y desarrollo del sujeto como así también el conjunto de condiciones de producción de la necesidad.
EI concepto de necesidad lo caracteriza como un monto de carencia que debe ser solucionado en un proceso de interacción. La necesidad, que compromete al sujeto como totalidad, aparece como la condición interna del desarrollo de la vida psíquica, condición interna de la dialéctica, de la contradicción entre sujeto y naturaleza entre sujeto y mundo externo. En este proceso dialectico, en esta contradicción en la que el sujeto es producido. La producción del sujeto es histórico-social. La formación social no opera como causa de la necesidad (causa-efecto) pero si como su condición de posibilidad y desarrollo.
La necesidad como condición interna de la producción del sujeto se desarrolla y transforma en relación con las condiciones externas que operan a través de ella. (Producción social del sujeto. Socialización).
La idea de un sujeto relacionado incluido en la problemática psicoanalítica implica:
1. Que el sujeto se constituye como tal con autonomía de sus relaciones externas (principio del placer).
2. Una posterior relación con la exterior con la totalidad configurándose un principio de realidad y una internalización del mundo social en una instancia psíquica. EI superyó.
3. Desjerarquizacion de la relación sujeto-objeto.
La teoría psicoanalítica al reconocer que no se puede prescindir de la noción de instinto para fundamentar sus hipótesis se encierra en que las relaciones entre los hombres se establecen en última instancia sobre el juego de fuerzas instintivas innatas. La noción de instinto como fundamentación de una teoría de la vida psíquica opera como obstáculo epistemológico en la elaboración de un aparato conceptual que de cuenta de la relación entre estructura social y vida psíquica, que analice los procesos en que se da la producción social del sujeto.
Pichón Reviere la define a la ps social desde el método dialectico. Plantea que es una ciencia en proceso de construcción. Esto implica un planteo desde nuevas premisas del problema de la vida psíquica. La ps social estudia la relación dialéctica entre el sujeto y el mundo y los fenómenos que surgen a raíz de ella. EI hombre a través de su praxis se construye histórico y socialmente, cuyo motor es la necesidad esto da lugar a nuevos puntos de vista como por ej., que el mundo externo es determinante de la vida psíquica y la idea de jerarquizar la operación del mundo externo, entre otros.
13:56 | Etiquetas: PSICOLOGÍA SOCIAL | 0 Comments
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